¿MERECE LA PENA ABRIR UNA CUENTA BANCARIA PARA UN NIÑO?

Cuenta bancaria niños

ES UNA HERRAMIENTA PARA SU CULTURA FINANCIERA, PERO NO CONVIENE RENUNCIAR A LA RENTABILIDAD

Dentro de nuestra vocación de inculcar algo de cultura financiera, hemos abogado por la educación a nuestros pequeños en el dinero.

Sin embargo, cuando el capital que acumulan empieza a estar fuera de su capacidad de administración, solemos abrir una cuenta bancaria en nuestra entidad financiera con dos objetivos: en primer lugar, para que no tengan acceso al dinero y puedan malgastarlo y, en segundo lugar, para que obtengan alguna rentabilidad a cambio.

Pues bien, estas cuentas infantiles normalmente no cumplen esa segunda función, porque ofrecen una remuneración nominal muy baja. Pero es que en la actual situación de bajos tipos de interés, la rentabilidad que ofrecen estas cuentas es casi nula. ¿Merece entonces la pena abrir una?

Puntos a favor

El argumento de más peso a la hora de abrir una cuenta infantil en el banco es que la prioridad es la de educar a los niños en el mundo financiero a través del ahorro. Así, la rentabilidad que pueda ofrecer la cuenta pasa a un segundo plano.

Por lo general, el capital que pueden acumular los niños en una cuenta bancaria no es elevado, lo que hace que tampoco podamos perder mucho en intereses.

Como las entidades financieras quieren captar futuros clientes, las cuentas infantiles no sufren comisiones de mantenimiento y pueden ofrecer algún otro tipo de gancho comercial del tipo regalos o promociones. Además, son cuentas en las que la operativa de los niños está muy limitada y solo pueden ingresar dinero en efectivo. Para todo lo demás, han de contar con la autorización del adulto o tutor autorizado.

Por último, cuando el ahorrador supera los 16 o los 18 años, según la entidad financiera, las condiciones de la cuenta cambian y se adaptan sin que el titular de la misma tenga que hacer nada.

No todas valen

Si abrimos una cuenta bancaria es para obtener alguna rentabilidad, pues la entidad financiera siempre va a lograr algo. Por tanto, resulta egoísta abrir una cuenta de ahorro para un niño sin mirar cuál ofrece una mayor rentabilidad o supone una mejor oferta.

En este sentido, sería irresponsable abrir una cuenta en nuestra entidad financiera (lo más habitual) o en la que tengamos más cerca, pensando solo en nuestra comodidad. Dejar que el niño elija en base al regalo que puedan hacerle tampoco es lo más acertado.

Del mismo modo, hay que tomarse las molestias de leerse la correspondencia legal que llegue sobre esa cuenta y valoremos si los cambios que se van a producir con el tiempo compensan mantener allí el dinero.

Para terminar, el punto más importante: se trata de cuentas en las que se va a acumular dinero durante más de diez años. Se pueden abrir con veinte euros del abuelo, pero pueden acumular varios miles fácilmente. Medio punto porcentual de diferencia en los intereses sobre un capital de cien euros son cincuenta céntimos, pero pasan a ser cinco sobre un capital de mil.


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