PRODUCTOS FINANCIEROS: DERIVADOS

Derivados

SU FACILIDAD DE USO LOS HACE ESPECIALMENTE PELIGROSOS PARA LOS INVERSORES MINORISTAS

La globalización y las nuevas tecnologías de la información han acercado a los inversores minoristas la inversión en productos financieros derivados, que habitualmente estaban restringidos a los inversores institucionales, por precio y conocimientos. Ahora, el acceso a conceptos básicos de inversión está al alcance de todos.

Un derivado financiero es un activo financiero cuyo valor se ajusta a los cambios en otro activo, llamado subyacente, y que puede ser una materia prima, índices, deuda, acciones, tipos de interés, tipos interbancarios (Euribor, Libor…), etc.

Los principales instrumentos financieros derivados son los futuros y las opciones (que en nuestro país están regulados por el MEEF), pero existen ya una serie mucho más amplia de ellos que incluye los swaps, opciones binarias, turbos, contratos por diferencia (CFDs), etc.

Principales características

La inversión a realizar es muy inferior a la de comprar una acción o una parte del valor subyacente, porque se puede comprar de forma apalancada, incluso en 200:1 (algunos países han puesto límites a los apalancamientos máximos para los inversores minoristas), por lo que son productos considerados generalmente de alto riesgo.

Por ejemplo, la CNMV publicó el 28 de julio de 2016 una advertencia genérica en su página web en la que recordaba que los CFDs “son productos complejos y no son adecuados para todos los inversores”, y recomendaba que “no utilice un dinero que no se puede permitir perder. Puede perder una cantidad muy superior a su desembolso inicial”.

Algunos cotizan en mercados de valores y están regulados, pero no todos. Opciones y futuros, por ejemplo, sí. Todos ellos se liquidan, generalmente, en una fecha futura que en muchos casos puede decidir el inversor y su precio varía conforme lo haga el del activo subyacente, más o menos ajustado al mismo según el derivado que utilicemos.

¿Para qué se usan?

Inicialmente, los derivados se utilizaban para suavizar las fluctuaciones de los activos en los contratos de compraventa a largo plazo, por ejemplo, en las cosechas.

Por tanto, su principal uso era el de cobertura para reducir o eliminar el riesgo que se deriva de la fluctuación del precio del activo subyacente. Ajustar el precio antes de que el bien esté producido asegura la tranquilidad al vendedor, que puede cobrar algo a cuenta, y al comprador, que puede calcular mejor costes de producción con un precio que conoce de antemano.

Posteriormente, se fueron utilizando como forma de especulación, donde se pretendía obtener beneficio por las diferencias previstas en las cotizaciones, minimizando la aportación de fondos a la inversión gracias a su fuerte apalancamiento, lo que dio pie a nuevos productos más sencillos de uso y de costes más bajos.

Por último, los derivados se utilizan también para el arbitraje, una operación que se basa en la ejecución de una estrategia cruzada de intercambios en la que se produce un beneficio neto positivo para las dos partes.

En definitiva, si no se poseen los conocimientos ni la experiencia necesaria para este tipo de productos, lo más sensato será pedir asesoramiento financiero.


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