PRÉSTAMOS PIGNORADOS, ¿UNA OPCIÓN A TENER EN CUENTA?

Préstamos pignorados, ¿una opción a tener en cuenta?

Hace algún tiempo te presentamos las distintas clases de préstamos y te hablamos de sus características, aunque no incluimos este tipo porque se trata de un producto al que no todo el mundo tiene acceso.

Son habituales en las empresas , especialmente en operaciones corporativas. Sin embargo, dado que se pignoran activos más líquidos que los inmobiliarios, este mercado ha comenzado a abrirse para algunos clientes particulares .

Pignorar activos financieros manteniendo su rentabilidad.

Por lo general, los activos que suelen utilizarse para pignorar (empeñar) son acciones, pero también pueden ser aceptadas participaciones en fondos, depósitos o seguros.

Lo más destacable es que el activo pignorado no puede ser utilizado o modificado durante el tiempo que dura el préstamo. Por lo que, si genera algún tipo de rentabilidad, ésta es percibida por el cliente.

O sea, podemos pignorar un activo financiero que pretendamos tener en cartera durante mucho tiempo, sin perder necesariamente los beneficios que se generen durante ese periodo.

Podemos pignorar un activo financiero que pretendamos tener en cartera durante mucho tiempo, sin perder los beneficios que se generen durante ese periodo.

¿Por qué no conocíamos los préstamos pignorados?

Los bancos y cajas no los publicitan porque hay que tener activos financieros relevantes en la entidad, por ejemplo, como para que puedan convertirse en un aval hipotecario llegado el caso.

Para hacernos una idea, hay que tener un patrimonio financiero (activos en el banco) de un mínimo de medio millón de euros para poder plantearse esta opción.

Aunque al tratarse de un producto muy específico, todo es negociable llegado el caso , incluso los intereses que pagamos por el capital prestado, por lo que nuestra recomendación como siempre es dialogar para ver qué opción es la mejor.

Ventajas a tener en cuenta.

La principal ventaja de estos productos es que sus costes son inferiores a los de un préstamo con garantía hipotecaria (impuestos, tasaciones, notario, registro) y que, como te decíamos: todo es negociable una vez conseguido el interés de la entidad bancaria. Además, no tienen comisiones de amortización y cancelación anticipada.

La burocracia también es menor. No hace falta doble escritura (compraventa de vivienda e hipoteca) y como el cliente mantiene el activo, sigue recibiendo la rentabilidad que produzca, tal y como comentábamos antes.

Por otro lado, son préstamos de una duración menor (8-10 años) por lo que no suelen ir dirigidos a la compra de vivienda y dependen mucho de la calidad del activo que se usa como aval, pues cuanto mayor y menos volátil (sujeto a posibles cambios de valor), más posibilidades tendrá de ser aceptado y de obtener mejores condiciones.

La principal ventaja de estos productos es que sus costes son inferiores a los de un préstamo con garantía hipotecaria.

Para que nos quede claro.

En definitiva, podríamos resumir los puntos fuertes de los préstamos pignorados como:

- Permiten seguir rentabilizando el activo pignorado durante todo el préstamo.

- Sus costes y burocracia son inferiores a los de un préstamo con garantía hipotecaria y no tienen comisiones de amortización o cancelación anticipada.

- Están sujetos a condiciones negociables y al activo ofrecido como aval.

Una vez entendido el concepto de préstamo pignorado y de todo lo que implica, y antes de correr a nuestra entidad bancaria a solicitarlo, debemos recordar los frenos que hasta ahora han provocado que se trate de un producto prácticamente desconocido.

Tras nuestra valoración y si realmente creemos que nos conviene más esta clase de préstamo que los tradicionales (hipotecario o personal), podemos tratar de negociar con nuestra entidad financiera para ver si despertamos su interés.

Es probable que nunca llegues a plantearte el uso de esta clase de productos, pero a pesar de todo, nosotros siempre trataremos de proporcionarte toda la información para hacer de la economía algo más sencillo. Porque bien explicada, entender la economía está al alcance de todos.