¿DE VERDAD TENGO QUE AVALAR TU PRÉSTAMO?

Seguros para evitar disgustos financieros por nuestras mascotas

Es muy probable que a la hora de formalizar un préstamo hipotecario o de elevado importe, la entidad financiera nos haya exigido la figura de un avalista para concedernos el dinero prestado. Lo normal es que hayamos recurrido a nuestros padres, si no constan ya como avalistas de otra hipoteca.

Cuando hace unos años, los bancos y cajas lo pedían no resultaba difícil encontrar avalista, porque se suponía que no era más que un formalismo . Sin embargo, llegó la crisis y muchos de los que avalaron hipotecas de otros con su vivienda se vieron en la calle porque se les exigió el importe avalado y, como no lo pudieron abonar, se ejecutó el aval: la vivienda del avalista.

Conviene que pensemos que si la entidad financiera solicita un aval es porque tiene dudas sobre la capacidad del cliente para devolver el préstamo. Antes de decir que sí y firmar unos contratos que pueden llegar a comprometer nuestras finanzas hay que pensarse un poco las cosas .

Antes de decir que sí, hay que pensarse un poco las cosas.

Qué es un aval y a qué me obliga

Avalar un préstamo de otra persona consiste en aportar garantías adicionales a la entidad financiera para convencerla de que puede prestar ese capital solicitado, siendo nosotros con nuestro patrimonio o bienes los garantes del pago si esa persona no puede hacerlo.

Avalar es entonces meternos de lleno desde un punto de vista financiero en una hipoteca que firma otra persona, pues el banco o caja nos va a pedir y a comprobar nuestra situación patrimonial y financiera: ingresos, bienes y otras deudas que podamos tener. Y nos pueden rechazar como avalistas.

Por tanto, si avalamos un préstamo, autorizamos a una entidad financiera a que valore nuestra capacidad financiera para cubrir con nuestro patrimonio o bienes el préstamo que ha solicitado otra persona. O sea que, si la persona no pudiera devolver el dinero, nos exigirían a nosotros ese capital o la ejecución de los avales (nuestra vivienda, por ejemplo).

Avalar es entonces meternos de lleno desde un punto de vista financiero en una hipoteca que firma otra persona.

¿Qué consecuencias puede tener para mí?

Hemos visto demasiadas veces en televisión los desahucios de personas mayores que han perdido su casa por avalar préstamos de familiares que no han podido pagar sus deudas. Es de vital importancia saber que respondemos de la deuda contraída por la otra persona de forma solidaria con nuestro patrimonio presente y futuro. Vamos, que nos podemos quedar en la calle.

Piensa que, si el banco pide un avalista, es porque duda de la capacidad de esa persona para devolver el importe. Y esa es la primera piedra de toque. Piensa después en las consecuencias para ti de que la otra persona no pueda abonar su deuda.

Si avalamos un préstamo, corremos el riesgo de que se ejecute y perdamos nuestro patrimonio.

Por último, piensa de qué dispones para avalar su préstamo y exige saber en qué condiciones lo pide. Lo que no puede ser no puede ser. Tus ingresos han de ser suficientes para hacer frente a tus gastos habituales y a la deuda que te llegue. Si con tus ingresos no basta, el banco te pedirá que avales con tu vivienda. No cruces esa línea; no quieras salir en televisión.

Recuerda que avalar un préstamo supone unas obligaciones que nos pueden costar muy caras. Desde Economía Para Ti queremos que dispongas siempre de toda la información para que puedas tomar la mejor decisión financiera posible, ahora y siempre.


avalistapréstamoobligacionesejecución